La jungla de Borneo (Malaysia)

Borneo es la cuna de los “hombres de la Selva”, los Orang Utan en bahasa (la lengua Malaya-Indonesia) esos simios de cara afable, pelo rojizo y expresión completamente humana. Borneo es el lugar donde verlos en estado salvaje, aunque hoy en día, la explotación maderera y la ocupación de la selva por palmeras no endémicas para extraer aceite de palma han hecho disminuir drásticamente su número hasta el borde de la extinción. No sólo se ha acorralado a los orangutanes, también al elefante pigmeo, al tigre de Borneo o al Sun bear entre otros. Por otra parte, en lo que queda de selva se descubre cada año un mínimo de tres especies de animales y/o plantas.

Quedamos con un taxista para la mañana siguiente, para que nos llevara con nuestros bultos hasta el Uncle Tan's Operations Base Camp, en la calle de Sepilok, Batu 14 desde Sandakan. Una vez reservada nuestra estancia, los chicos nos enviaron un mail explicando toda la estancia paso a paso, las actividades y el horario. Nos citaron en el Operations Base Camp, aunque tambien podíamos encontrarnos con ellos a la salida del Sepilok Conservation Center más tarde. Como cargabamos las mochilas y nos las queríamos sacar de encima, fuimos directamente al OBC desde donde nos acercaron con Minivan a la entrada de Sepilok, un centro de conservación de Orangutanes. Cuando campesions y gente que trabaja en, o cerca de, la jungla encuentra un orangutan desvalodo, huérfano, cautivo…avisan al centro y estos lo rescatan, le dan cobijo, lo vacunan, lo sanan y lo intentan ir reintroduciendo en su hábitat a través de distintos “escenarios” dentro del centro hasta considerar que ya está preparado y lo sueltan. Además de una mínima ayuda gubernamental, el parque se sustenta gracias a donaciones privadas y el precio de las entradas al centro, donde se pueden ver los ejemplares que se encuentran en una fase precoz para la reintroducción. El precio de la entrada no es, para nada, abusivo, 30RM ( 6,8€).

Acercándose al feeding point y observando el circo

El centro dispone de unas pasarelas de madera que quedan elevadas respecto del suelo, para las lluvias. En frente del feeding point, hay una especie de grada donde se amontona la gente disfrazada de safari para, a la hora indicada, ver como se acercan los orangutanes, las ardillas y los macacos a alimentarse sin esfuerzo.

El circo

El espectáculo es un poco triste: ver a todos esos vejestorios y no tan vejestorios vestidos como si se fueran de expedición a la jungla congoleña, hablando en voz alta para que los orangutanes les puedan escuchar y/o moviéndose de aqui para allá buscando el mejor lugar para hacer la foto sin importar que otros podamos estar en el camino. Sepilok no es un zoo! Aunque lo pueda llegar a parecer… Por suerte, los propios orangutanes se encargaron de dar un lección al grupo más bullicioso cuando uno de ellos, subiendo por uno de los cables, se colocó encima del grupo y vació su vejiga en modo aspersor. Más tarde otro de ellos les daría un susto importante al aparecer por la retaguardia.

Atacando por la retaguardia

El circo terminó cuando los guias se llevaron a sus rebaños y nos quedamos prácticamente solos. Uno de los rangers de Sepilok se quedó en la grada, posiblemente porque aún estábamos nosotros. Habían marchado incluso los orangutanes, pero volvieron cuando la comida que aún quedaba estaba siendo aprovechada por los macacos. El ranger nos comentó que hacen siempre lo mismo, comen un poco delante de todo el mundo para después volver cuando ya no hay gente. Que ocasionalmente, alguno, sale por detrás y anda por la pasarela de salida. También nos explicó las etapas de adaptación antes de la reintroducción al hábitat y el grave problema que sufren con la explotación de la selva que ha sido, y sigue siendo, devastada para plantar palmeras para extraer aceite. Finalmente marchó el último y salimos, quedando unos 45 minutos para la hora acordada.

De vuelta a comer sin circo

Nos acercamos entonces al Bornean Sun Bear Conservation Center, justo al lado de la entrada del de los orangutanes. Nos cruzamos con unos turistas que nos dijeron que habían visto cinco de esos osos, los más pequeños del mundo que viven la mayor parte del tiempo en las ramas. Teniendo que pagar otros 30RM, decidimos entrar. Lo cierto es que son animales bastante solitarios, difíciles de ver en la naturaleza. Se camuflan como colmenas en lo alto de los árboles y raras veces los ve correteando por el suelo.

Sun Bear en lo alto de un arbolito

Logramos ver uno, no sin dificultad, comportándose como un koala, durmiendo bien anclado a las ramas de un árbol.

Nos volvimos al Operations Base Camp con la minivan y nos servimos la comida del buffet que nos habían preparado, comida senzilla, pero gustosa, y posteriormente, habiendo dejado las mochilas grandes en un despacho del lugar, nos embarcamos en la excursión al campamento. Después de que se presentara nuestro guía, montamos de nuevo en la minivan junto con el resto del grupo con el que compartiríamos experiencias durante los tres días siguientes. Como un chiste, dos británicos, dos holandeses y dos chinos! La minivan nos llevó, a lo largo de una hora de camino, hasta un pequeño embarcadero donde nos montamos en una lancha que cargaron hasta los topes, que nos llevó al campamento a través de las aguas y por los meandros del rio Kinabatangan. Durante el camino, tanto nuestro guía como el chico que conducía la lancha, nos mostraron algunas de las criaturas que habitaban en el rio, garzas, tucanes e incluso un pequeño cocodrilo camuflado entre el fango que no se hizo evidente hasta habernos acercado. Ese sería el inicio de múltiples encuentros con otros muchos y diversos animales.

Cocodrilo estuarino

En cuanto desembarcamos nos mostraron las instalaciones, el comedor y sala de estar, la cancha de fútbol (un arenal alisado con dos porterías), los baños y las habitaciones, todo ello unido a través de pasarelas de madera sobre una ciénaga salpicada de altos árboles. Nos sorprendió gratamente la decoración del comedor por la presencia de una Estelada entre otras banderas.

El menjador

Las habitaciones son amplios barracones abiertos con cuatro o cinco colchones en el suelo cubiertos con sendas mosquiteras. La estancia en el campamento no es para nada un safari en África alojándose en un Lodge, pero no resulta para nada incómodo, un tanto húmedo quizas.

Nuestra cabaña

Una vez nos hubimos instalado, tocaba el briefing. Una reunión con nuestro guia para aclarar los horarios y actividades. Después de una explicación acerca de la fauna que podriamos llegar a ver, las probabilidades de avistar orangutanes y elefantes pigmeos, el holandés, el británico y el catalán nos apuntamos a una pachanga futbolística en la que ganamos una Coca-Cola por ganar el partido. Después de una ducha rápida (aqui las duchas consistían en rellenar un gran cubo de agua desde bidones de almacenamiento y echarse cubetazos, con una especie de bol, al aire libre) safari nocturno en lancha para una toma de contacto con los alrededores. Al llegar a la lancha, quien había sido nuestro piloto, se transformó en nuestro guía por algún tipo de problema que el previo habría sufrido con Baco. Saltamos a la lancha y con la ayuda de un potente foco, el agudo ojo de nuestro improvisado guía logró que avistáramos algunos cocodrilos más, de mayor tamaño, incluso algún ejemplar en el agua, aves por doquier y macacos de cola larga y corta. Una experiencia inolvidable para cualquiera que ame la naturaleza en su estado más puro. Una excursión por el espacio cuando la lancha emprendía la marcha, no a poca velocidad, en la más absoluta oscuridad y lo único que contemplábamos era el manto de estrellas que nos cubría sin rastro de contaminación lumínica o ambiental. En ese momento, la lancha se detenía y el potente haz de luz iluminaba alguna figura en medio de los árboles y la tranquilidad reinante, únicamente interrumpida por el movimiento del agua provocado por nuestra nave.

A la mañana siguiente, tras un buen descanso, café rápido y safari matutino junto al grupo que marcharía a media mañana. Partimos dos lanchas y ruteamos otro tramo de rio más amplio que por la noche. Las vistas del rio con la bruma surgiendo de la espesura de la jungla bajo la banda sonora creada por los gritos de los monos a distintas distancias y entonaciones, junto a los cánticos de los centenares de distintas aves resultó espectacular.

En la lancha al amanecer

Junto al sonido, los ojos fueron recompensados con nuevos avistamientos en esa mágica puesta en escena. Algún cocodrilo más, diferentes tipos de tucanes, más macacos y langures, águilas pescando…

Águila pescadora

De vuelta cargamos pilas con un estupendo desayuno antes de volvernos a embarcar, esta vez calzados con botas de agua para pisar por donde habita toda esa fauna, para pasar las barreras inexistentes de ese gran zoo, pero en este caso, para que el animal (el hombre) escape de su jaula.

Insecto araña

Un tour por tierra que nos descubrió algunos de los insectos más fascinantes que existen. Cienpies monstruosos que pueden desprender veneno letal, milpies, escorpiones, insectos camuflados de araña u hormigas de fuego que hacen resonar el metal al cerrar sobre él sus poderosas mandíbulas. Plantas con todo tipo de propiedades curativas o venenosas y urticantes. Distintas ranas, ardillas e incluso una nutria. La espesísima vegetación y la densidad animal te obligan a darte cuenta del lugar donde estas, lejos de poder tocar donde te parece como estas acostumbrado, miras, remiras y vuelves a mirar antes de apoyar tus frágiles zarpas en una rama para no desequilibrarte en el fango cuando tus botas se han hundido cuatro dedos. Aqui no somos nada, aqui no sobreviviríamos ni un minuto por muchos episodios del Último Superviviente que nos hubiéramos aprendido. Esta selva te devora, te roba el aire y te desorienta, una selva preciosa, increible y asesina.

Lianas caprichosas

Nuevamente en el campamento ya teníamos preparado el buffet para el almuerzo. Esta vez nos dejaron unas horas para descansar antes de volver a embarcarnos para el atardecer. Salimos con las mismas ganas con la esperanza de ver al rey de esa selva, el huidizo orangutan que ocasionalmente logran ver en estos tours.

No se puede decir que no tuviéramos suerte, pues la tuvimos, aunque no lo lograramos ver. Tuvimos suerte por poder disfrutar de la experiencia y por los avistamientos de tantos y variados animales. Logramos ver monos narigudos, incluso un macho dominante inmenso. Ver a los proboscis saltando de árbol en árbol es una escena difícil de olvidar. Ese precioso, por feo, animal te pone el corazón en un puño cuando con fuerza salta de lo alto de la copa de un árbol y cae al vacío hasta lograr agarrarse a las ramas del árbol siguiente.

Proboscis Macho Dominante...

...suicida

Pero la excursión del atardecer tenía su punto álgido un poco pasada la puesta, con el cielo en llamas, cuando decenas…centenares de zorros voladores (murciélagos, flying foxes en inglés), invaden el bosque moteando el cielo con su inequívoca silueta (batman style). Salen en busca de comida después de pasar el día reposando en cuevas naturales o bajo las copas de algún tupido árbol en las partes más remotas de la selva.

La hora de los Flying foxes

Y después de un día completito, la guinda del pastel, un safari nocturno. De nuevo con botas de agua, pero en esta ocasión ocupando una mano con una linterna, algo más desafiante. Si ya de día no se ve más allá del segundo árbol, de noche todo son sombras que se mueven al paso de la linterna, ramas que se interponen súbitamente en el camino y que se confunden con serpientes y miles de mosquitos y otros insectos que se sienten atraídos por la luz. Una experiencia inigualable, adrenérgica y biológica. Esta vez si vimos una serpiente escondida tras la corteza de un árbol, pájaros durmiendo y algunos insectos más. De vuelta, por el rio vimos lo que en Centroamérica se conoce como Tigrillo, algo parecido a un gato montés al que aqui en inglés llamaron flat headed cat (gato de cabeza plana).

La rutina nos impulsó al comedor para nuestra última cena en el campamento. Un buen descanso con un despertar bajo los ruidos de la jungla para embarcarnos de nuevo en la lancha para el safari matutino, más animales, desayuno y preparar las mochilas para la marcha. Pero a algunos les faltaba algo…

Algunos macacos habían tenido la genial idea de jugar con las prendas de la china y la holandesa, y asi fue como perdieron unas zapatillas de deporte y una camiseta. Lograron recuperar una de las zapatillas y lograron ver donde habían guardado la camiseta, en ese lugar inaccesible del bosque enfrente de las cabañas. Cachondos los monitos. Sin rencor, ahí dejaron lo perdido y volvimos todos a la lancha para nuestro almuerzo en el Operations Base Camp.

Resultado final de encuentros

Aunque es un auténtico placer ver a estos animales en semilibertad como en Sepilok, poderlos ver en los cauces del rio es una inmensa suerte y un gozo indescriptible. Esa era una de nuestras intenciones al reservar la estancia en Uncle Tan's. De todos modos y por experiencias previas, el avistamiento de orangutanes es mejor y más probable en el Borneo indonesio, en el rio Kumai al que se accede desde Pangkalan Bun, una población con aeropuerto y enlace directo con Yakarta por dos duros.

 

 

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