Kuala Lumpur (Malaysia)

El transporte desde Malacca es constante hacia la capital. Aproximadamente cada hora hay alguna compañía que oferta el traslado desde la terminal de buses de las afueras. Llegamos justitos a coger el último después de pillar un bus público en Malacca, al final de Jonkers, el número 7, y nos plantamos en Kuala Lumpur a eso de las 5pm, cuando el sol aún no había caído. Desde la Terminal Bersepadu Selatan, no precisamente en el centro, cogimos el KTM hasta Pasar Seni, muy cerca del Hostel elegido para nuestra estancia en KL, el Agosto Inn, en Chinatown. Esta vez, a sabiendas de las medidas de esta urbe, decidimos reservar un par de noches con antelación y la localización no fue casualidad. Desde el lugar elegido, las zonas más importantes como el Centro Histórico o el Jardín Botánico son de facil acceso a pie.

El hostel es muy correcto, limpio, aunque la moqueta huele bastante a humedad (y ligeramente a pies cerca de los baños). Las habitaciones que quedan más alejadas de la calle tienen un problema de ruido y es que el suelo de madera retumba dentro al pasar cualquiera, por mucho cuidado que lleve, hacia el baño. Y así fue como, después de la primera noche, nos cambiaron a la habitación que da a la calle. Al inicio pensamos que pasaríamos del ruido interno al externo, pero sorprendentemente, y aún teniendo unas obras a dos edificios de distancia, la habitación resultó excelente. Lo que hizo que nuestra estancia fuera realmente agradable fué el conserje, Sean. Un delgaducho bajito y desdentado de ascendencia china que nos ayudó con un montón de información útil para visitar del mejor modo, y más “low-cost”, Kuala Lumpur, además de permitirnos tomar el desayuno pasada la hora estipulada (latin style).

Hay mucho que ver en esta gran ciudad y uno se puede mover con toda la tranquilidad del mundo por las zonas “turísticas”. Estando en Chinatown, era imprescindible la visita a Jalan Petaling, el corazón del barrio, una calle de tiendas cubierta, donde se agolpan dos líneas de tenderetes convirtiéndola en una calle de tres estrechos carriles. Aqui venden todo tipo de imitaciones de ropa, zapatos deportivos, bolsos, relojes y complementos para móviles. El movimiento que emerge de la calle invade las aledañas, llenas de restaurantes a precios turísticos. Para comer local a precio local no hace falta ir muy lejos, simplemente salir de Petaling por Hang Lekir y elegir entre los restaurantes con mesas en las aceras que ocupan parte de esta calle y sobretodo Jalan Sultan. Nosotros celebramos nuestra llegada con un banquete de Claypot Pearl Noodles, unos fideos gruesos cubiertos por una salsa grisácea y con trozos de gambas, pollo y huevo cocinados en el cuenco de barro en que lo sirven, una auténtica delicia.

Entre las reseñas que nos dió Sean debemos destacar algo poco anunciado y conocido por los turistas. Existen dos líneas de autobús gratuito, el Go-KL. Una sale de Pasar Seni y realiza un circuito circular que se cruza en la zona de Bukit Bintang con la otra línea que cubre al norte del barrio, alrededor del complejo de la Petronas. Con el bus gratuito teníamos ya todas las atracciones turísticas a nuestro alcance (Chinatown, Centro Histórico, Jardín Botánico, Triángulo de Oro y Petronas).

Mapa del Go-KL

Para nuestra primera toma de contacto con KL dimos un paseo en el Go-KL hasta Pavillion y allí aprovechamos para dar una vuelta por algunos de los centros comerciales de Bukit Bintang, el llamado Triángulo de Oro. Además de los típicos de ropa, complementos, perfumerías y demás, los hay dedicados exclusivamente a la electrónica, desde telefonía movil hasta cámaras réflex digitales con todos sus accesorios. Más tarde cruzamos hasta el centro del Suria-KLCC (Kuala Lumpur City Center), desde donde admirar las majestuosas torres gemelas más altas del mundo, las Torres Petronas.

Suria-KLCC

Y no satisfechos con las vistas, entramos dentro y lo miramos desde todos los ángulos posibles.

Vista de las Petronas

Pero faltaba algo, otra visión distinta, algo más panorámico…y, como nos había recomendado Sean, entramos en el Traders Hotel, cogimos el ascensor hasta su bar y entramos para admirar las torres desde ese punto que faltaba, la guinda del pastel…

Vista de las Petronas desde el bar del Hotel Traders

Un bar con una piscina y esas vistas te hace volar la imaginación muy por encima de las torres. El precio de las copas o la cerveza…prohibitivo. Estuvimos unos minutos admirando las torres antes de marchar y los empleados no ponen ninguna pega a la presencia de mirones, por el momento. Una muy recomendable opción para disfrutar de estos mastodónticos edificios que simbolizan ya la ciudad.

Habíamos oido que se podía subir a la antena de telecomunicaciones para las vistas de la ciudad y las Petronas y era gratuito, pero una vez en KL, nadie nos pudo confirmar la información, todo lo contrario, hubo quien nos dijo que no estaba permitido subir y otros quienes nos dijeron que si cobraban.

Mercado Antiguo

Al día siguiente un poco más de calle, esta vez desde el mismo hostel. Andando en dirección norte y justo por detrás de nuestro alojamiento, llegamos al Antiguo Mercado, un edificio colonial que en su día albergaba el mercado del antiguo Kuala Lumpur. Alrededor del mismo aún hoy se conservan algunas pocas shophouses de finales del siglo XIX. Estos edificios se construyeron a partir de 1881, cuando la ciudad sufrió un grave incendio y se tuvo que restaurar, supliendo las viviendas de palma y bambú. Cruzando el mercado se sale a la confluencia de los rios Gombak y Klang, donde se creó el primer asentamiento de esta ciudad cuando el rey de aquel entonces, asentado en la antigua capital Selangor, autorizó a un grupo de trabajadores chinos explotar las minas de estaño del lugar. Hoy en día en el lugar se encuentra la Masjid Jamek, una bonita mezquita rodeada por las, aún hoy, insalubres aguas (si se les puede otorgar el privilegio de llamarlas agua) de estos rios. Los hedores suben gracias a las altas temperaturas y la posibilidad de lluvias, haciendo la visita algo desagradable, aunque vale la pena hecharle un vistazo desde fuera, un rápido vistazo.

Masjid Jamek

Rodeamos la mezquita por Jalan Tun Perak, una calle más ancha con las vias elevadas del metro, para llegar a la plaza de la Independencia, Dataran Merdeka, donde ondea una inmensa bandera malaya desde el día en que la bandera británica fuera retirada el 31 de Agosto de 1957. No tuvimos la suerte de poder disfrutar del panorama porque se estaban llevando a cabo obras de conservación sobre el césped de la plaza. La zona es un antiguo campo de cricket del Royal Selangor Club, que aún hoy conserva sus edificios alrededor de la plaza. Justo frente esos edificios, al otro lado de la plaza, se encuentra el edificio Sultan Abdul Samad, el actual Ministerio de Cultura y Patrimonio.

Sultan Abdul Samad Building desde la plaza Merdeka

Cerca de la fuente de la Independencia está el museo de la ciudad, de entrada gratuita, explica la evolución histórica y arquitectónica de la población a través de maquetas, artículos de prensa y fotografías de archivo. Vale la pena hacerle una visita rápida, más si, como en nuestro caso, comienza un chaparrón tropical que venía avisando con truenos desde hacía, más o menos, una hora. Nos cobijamos en la exposición y en la tienda de souvenirs donde venden maquetas de madera que hacen a mano en una sala contigua abierta al público a través de un ventanal, trabajo de chinos (malayos). Cuando hubo parado salimos a recorrer un poco más de la zona, hasta llegar a la modernísima (y horrible para nuestro gusto) Masjid Negara (mezquita Nacional). Viendo que el tiempo no acompañaba decidimos postponer la visita al Jardín Botánico para el día siguiente y nos volvimos, a remojo, al alojamiento.

Maqueta a escala de la ciudad con el proyecto de un nuevo rascacielos

Y así, a la mañana siguiente emprendimos la marcha hacia los jardines botánicos, también de fácil acceso desde el alojamiento. El único inconveniente de la caminata es que en el mapa no se aprecia el desnivel de la zona, que se encuentra rodeado de pequeñas lomas. Esto y el sofocante calor húmedo no nos impidieron disfrutar de este pulmón cuidadosamente diseñado y preservado. Andar por los jardines, o como hacen muchos locales, correr por la zona, seria un auténtico gusto de no ser por las altas temperaturas. Lástima que uno no pueda tirarse en alguno de los lagos que allí hay porque ganas no faltan.

Vista de una parte de los Jardines Botánicos

Y a punto de entrar en el jardín de Orquídeas, volvió a diluviar. Nos cobijamos bajo la parada del bus turístico hasta que amainó y justo en ese instante, un chico que estaba corriendo por los jardines y nos había visto, se ofreció a bajarnos hasta la mezquita. Nos fue genial el transporte bajo la lluvia y catamos nuevamente la amabilidad de Malasia. Nos volvimos a nuestro alojamiento, salimos a cenar y a la cama pronto. El despertador de la mañana siguiente nos iba a sacar de la cama temprano para llegar al aeropuerto a la hora indicada.

 

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