Singapur (Singapore)

Tanto el no poder acceder a las islas de la costa este, como el querer cruzar al Borneo Malayo, nos hizo cambiar de planes y reestructurar la ruta que habíamos pensado. Por ello, para evitar pasar por Kuala Lumpur (KL) dos veces decidimos bajar desde Georgetown directamente hasta Singapur, cruzando toda la península, en un autobús nocturno.

Por contra de lo que sucede en muchos de los países del sudeste asiático, los autocares en Malasia son: comodísimos, amplios, limpios, silenciosos, con buena suspensión y puntuales. En común con los autocares de otros países del sudeste asiático tienen la temperatura, temperaturas nocturnas que nos devuelvieron al recuerdo de aquellas noches en los tea house del ascenso al Annapurna. Temperaturas gélidas que no parecen poderse regular por mucho que se lo pidas al conductor. Por suerte, estando sobre aviso, el viaje se sobrellevó más que dignamente dentro del saco y la chaqueta y con unos asientos que casi llegaban a ponerse en posición horizontal. Nos despertamos de madrugada para el paso fronterizo malayo y, un kilometro más allá, recogimos las mochilas del autocar para pasar la frontera de Singapur después de rellenar todos los papeles. Para cuando salimos, no veíamos ninguna cara conocida de las que había en el autocar y, quizás más preocupante, tampoco nuestro autocar. Esperamos unos minutos antes de deducir que nos habían abandonado! Por fortuna teníamos nuestros bultos! Le preguntamos a un conductor si nos podía llevar, allí todos iban al mismo destino. A regañadientes accedió y nos colamos en su autocar sin dilación. Si nuestro autocar nos había parecido cómodo, este se acercaba más a los asientos de la clase business de un avión. Pero no llegó a arrancar. Sin llegar a saber que sucedía, hicieron cambiar a todo el pasaje a otro autocar (el tercero del viaje). Otro autocar que resultó ser mejor incluso, que el previo! Y de esta forma recorrimos los 25km que quedaban hasta llegar al centro.

Singapur llama la atención desde su paso fronterizo. Limpio, moderno y luminoso, contrasta con el malayo, de paredes de color crudo, con fluorescentes parpadeantes y, digamos, menos limpio.

Mientras recorríamos esos primeros kilómetros del país, ibamos viendo la densa vegetación donde ha crecido la civilización, aunque aqui parece que lo ha hecho de forma muy “ecofriendly”. Después del verde que cubre todo lo que no és carretera, se comienza a abrir paso una urbe ordenada y limpia.

Una vez apeados, comenzamos a andar en dirección a Chinatown, donde habíamos elegido alojarnos. Anduvimos a través de distintos barrios antes de llegar, añadiendo nuevos adjetivos a la lista que describe esta ciudad-estado. Moderna, ecléctica, artística, elegante, multicultural y sin prejuicios. Después de recorrer unos 5 km con los bultos a cuestas por las aceras de la urbe llegamos al 5-Footway Inn de Pagoda street.

5-Footway Inn es una cadena de Hostels que dispone de varios edificios en Singapur y Macao, ofertando tanto dormitorios como habitaciones privadas. El alojamiento en Singapur no es barato y tiene su lógica si se tiene en cuenta que ha sido considerada la ciudad más cara del mundo para vivir. Pagando por debajo de los 30€/noche por una habitación privada te puedes encontrar durmiendo en un auténtico cuchitril. Nosotros pagamos 50€/noche, muy por encima de nuestro presupuesto, pero mereció la pena, pues la habitación tenía una ventana a la calle y las camas (litera) eran realmente cómodas.

Pagoda Street

Hay bastante que ver en Singapur, como por ejemplo, y posiblemente lo más remarcable, el Marina Bay Sands, una faraónica obra de arquitectura e ingeniería que alberga un casino, un hotel, un centro comercial, un museo y dos auditorios, además de varios restaurantes, 7 regentados por “celebrity chefs” y un magnífico y futurista jardín botánico (Gardens by the Bay). Se encuentra en una pequeña península que forma una bahía bastante cerrada donde algunos locales practican remo y, por las noches (21 y 22h) se proyecta un espectáculo gratuito de agua y luces que se puede admirar desde las gradas frente al centro comercial del Marina Bay.

Gardens by the Bay con el Marina Bay Sands al fondo

Mires desde donde lo mires, el edificio del casino y hotel, epicentro de la zona, es espectacular. Una especie de tabla de surf curvada, el Skypark, donde se encuentra la plataforma pública en voladizo más grande del mundo y una piscina infinita, apoyada sobre tres columnas, donde se encuentran las 2550 habitaciones. Esas tres columnas se van abriendo a medida que se acercan a tierra en forma de V invertida para darle seis puntos de apoyo al complejo. El hall del hotel y sus restaurantes se encuentran en el espacio entre los pies de cada columna, cubiertos únicamente por cristaleras, mientras que el casino se encuentra debajo, entre el hotel y el centro comercial.

Después de observarlo de lejos, entramos en la zona comercial perdiéndolo de vista durante un buen rato para que, al salir por detrás, nos sorprendiera también, o quizás más, “en las distancias cortas”.

Marina Bay Sands con el museo en forma de tulipán a sus pies y el centro comercial

Cuando anochece, algunos de los habitantes de esta gran ciudad, salen a correr por los alrededores de Marina Bay, regalándose vistas espectaculares de Singapur mientras el hilo musical de toda la zona les da la opción de no llevar auriculares.

Vale la pena visitar algunos de los barrios más antiguos de la ciudad, donde se conserva la arquitectura colonial con las shophouses (vease post Georgetown), escoltadas en la lejanía por rascacielos, tanto de oficinas en el Business district, como de viviendas. También, puede uno, darse una vuelta por Clarke Quay, una zona de ocio nocturno con bares y restaurantes montados alrededor del rio donde paliar el sofocante calor de la ciudad.

Barrios como Chinatown, Little India, el Arab district o la zona de Orchard road son otros de los lugares por los que se debe de pasear para darse cuenta de los inmensos contrastes de esta ciudad.

Chinatown está repleto de comercios que venden recuerdos y de restaurantes, mientras que Little India es un distrito más guetto, con tiendas de y para indios, con algún templo y restaurantes indios tan sucios y mugrientos como los de la misma India (eso posiblemente conlleve que el sabor de los platos sea tan delicioso como los de allí). El Arab district es una zona muy cuidada de callejuelas formadas por shophouses que radian alrededor de una pequeña mezquita. Llena de bares y restaurantes con terraza que ofrecen shisha y de algunas tiendas de electrónica y algunas de ropa muy modernas. En la periferia sur del barrio se concentra una zona con bares para todos los gustos.

Nosotros dejamos que nuestras piernas nos llevaran desde Chinatown, a través del Business District, a Esplanade Road y por ella hasta Raffles Boulevard, donde poder admirar uno de los hoteles más antiguos y de mayor renombre del lugar. Después, seguir en dirección este por Beach Road hasta el Arab District y callejearlo (no es muy grande). Del Arab district salimos hacia el norte por Jalan Sultan que nos llevó directamente a Little India donde hicimos lo propio y nos sentamos a tomar un chai entre los “lugareños”. Una vez recuperadas las fuerzas seguimos andando por Little India y nos adentramos en el Mustafa Center, un Corte Inglés a lo Indio en el que encontrar gangas electrónicas y de fotografía.

La última parada de nuestra excursión fue Orchard Road, una avenida que alberga numerosos centros comerciales con tiendas “de nivel”. Aunque no se vaya a comprar nada, los aparadores de estas tiendas te contentan la vista, como si de un museo se tratara. Escaparatismo muy cuidado y mucha juventud vestida con las últimas tendencias, todo lo que nos podría recordar a Europa en el sudeste asiático.

La vuelta de la caminata la hicimos con metro, que nos dejó casi en la puerta del alojamiento.

El día de nuestra partida, aprovechando que el autocar salía hacia las 18h, fuimos a visitar el Zoo, de renombre mundial por su tamaño y variedad de especies. No lo calificaríamos de Must, pero en caso de disponer de tiempo y lograr alguna buena oferta, vale la pena. Allí disfrutamos, bajo un sol de justicia, de especies que no habíamos visto como el dragón de Komodo, un tigre blanco, el grandísimo oso polar y otras que ya habíamos tenido la suerte de encontrarnos en otros viajes como leones, rinocerontes, orangutanes, cocodrilos, gariales y muchos más.

Komodo Dragon

White Tiger

Proboscis Monkey

Crocs

Unas pocas imagenes de algunas de las magníficas criaturas que habitan este Zoo, para compensar la demora de los posts. En breve…más y mejor…

 

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