Pulau Langkawi (Malaysia)

Después de un ligero viaje en speedboat (dígase lancha fueraborda de cuatro motores), llegamos a uno de los puertos de Langkawi para meternos de inmediato en una minivan que nos llevaría hasta las oficinas de inmigración. Allí, después de escanear el pasaporte y cogernos las huellas digitales, nos estamparon el sello de aptos para viajar libremente por Malasia. Al salir de inmigración, con la misma minivan, nos acercaron a Pantai Cenang, la zona elegida para alojarnos mientras visitábamos la isla. Antes de soltarnos, nos pararon frente a un centro comercial para poder usar la ATM y pagar los 10RM (Ringgit Malayo, unos 2€) por persona por el transporte.

Mapa de Pulau Langkawi

Recogido nuestro equipaje, lo primero que nos llamó la atención fue el urbanismo. Después de unos 3,5 meses entre India, Nepal y Tailandia, volvíamos a pisar aceras y parecía que los vehículos respetaban sus carriles y no iban como vólidos. Otra de las cosas que nos sorprendió fué el alcantarillado. Primero por existir y más tarde por los vapores pútridos y calientes que emanan. Es por ello que algunos comercios deciden taparlos con cartones o retazos de lona.

Anduvimos a probar suerte por la zona que el conductor de la minivan nos había recomendado para encontrar alojamiento barato. Es la zona oeste de Pantai Cenang, a unos 500mts del centro comercial donde nos había dejado. Fuimos preguntando en algunos guesthouse y hostels que habíamos visto por internet sin demasiada suerte, hasta meternos hacia el interior y, pasado el Gecko Guesthouse (un local popular por recomendación de Lonely Planet), dimos con Izz Room. Por 60RM (13€) volviamos a tener un bungalow con terraza y vistas a un grupo de palmeras, alejado de todo ruido y con agua caliente (para quien la necesite en este caluroso lugar).

Instalados y comidos dimos una vuelta por la calle principal de Pantai Cenang. Restaurantes de pescado repletos de chinos con las mesas llenas de comida, centros comerciales y tiendas duty free. Todo lleno de turistas locales, chinos y, en menor cantidad, europeos y americanos, de entre los que destacaban los rusos.

Langkawi es puerta de entrada y salida entre Malasia y Tailandia y alberga algunos de los resorts de lujo de más renombre a nivel internacional como el Westin Langkawi, The Andaman, Tanjung Rhu Resort o The Datai, entre otros. Está rodeado de islas que se pueden visitar en excursiones de un día (island hopping) y en sus playas se oferta multitud de actividades acuáticas como en parasailing (sujeto a un parapente te estiran cual cometa desde una lancha), cursos de vela, la banana (un tubo hinchable donde te sientan mientras te estiran a toda velocidad sobre las olas con una lancha), alquiler de motos acuáticas… Además, dispone de un mirador con el puente colgante más alto del mundo (el Sky Bridge) y de las vistas desde su montaña más alta, el Gunung Raya.

En cuanto a sus playas, estando tan cerca de Koh Lipe, sorprende que no tenga algún rincón caído del cielo, o quizas si lo tiene recluido tras los muros de alguno de los resorts ¿?.

Alquilamos una moto automática en el Rainbow Bungalows, justo al lado del Izz, por dos días.

Así, a la mañana siguiente después de desayunar en el Rainbow unos huevos fritos con tostadas y mantequilla y un pozal de café por 8RM la unidad, nos dirigimos, vehiculizados, a explorar la isla.

Pasado el aeropuerto en dirección oeste, se cruza un puente con vistas a campos de cultivo con paja alta ocupados por búfalos de agua asiáticos embadurnados de barro gris. Seguidamente se llega a una intersección donde giramos a la izquierda para llegar, pasado un horrible hotel y una marina, a Pantai Kok, una pequeña playa que queda salvaguardada de mareas por una serie de pequeños islotes, donde atracan algunos veleros. También por ese motivo, lo que cae en el agua permanece en ella y por ello está bastante sucia. Es un lugar donde acuden los locales a hacer barbacoas y cobijarse a la sombra de los pinos (si si, pinos!).

Playa de Pantai Kok

Si se sigue hacia el oeste por esa carretera y se coge el desvío de la izquierda, se llega al Oriental village, desde donde se puede coger el teleférico (Langkawi Cable Car) al mirador del Gunung Machinchang y, con mucha suerte, se puede acceder al Sky bridge. Suerte, porque está cerrado por diversos motivos más de la mitad del año. Entramos a preguntar horarios y precios para volver a la mañana siguiente.

Cascada seca de Teluk Datai

Seguimos con la moto, volviendo atrás hasta el cruce justo antes de la marina de Pantai Kok, para seguir al norte y coger el primer desvio a la izquierda para dirigirnos hacia Teluk Datai, donde encontramos una pequeña playa de piedras y porqueria varia con vistas al archipiélago de Tarutao y, cruzando la carretara, unas cascadas (Temurun Waterfall) en medio de un bosque habitado por macacos “juguetones”. La cascada, por desgracia, en época seca prácticamente no existe, pero el lugar tiene su encanto y es bastante solitario salvo cuando se coincide con un grupo de franceses gritones asustados por los monos, como fue nuestro caso.

Seguimos en ruta de vuelta hacia el cruce, parándonos justo antes en una caseta de madera para disfrutar de un momento de sombra mientras degustábamos de la comida malaya. Tomando el cruce hacia la izquierda, seguimos hacia el noreste de Langkawi atravesando una llanura invadida, en algún punto por roca cárstica justo a la altura de donde comienzan las plantaciones de caucho. El orden de los árboles y los juegos de sombras de los mismos le confieren un aire romántico que hace que cueste dejar de mirarlos desde distintos ángulos, a la vez que atrae al visitante a saltar la valla de alambre de espino y correr entre ellos.

Caucho

Siguendo la carretera pasamos una horrible cementera que dejamos a nuestra izquierda para llegar a la playa de Pantai Pasir Hitam, conocida como la playa negra y aún nos preguntamos el porque. No deja de ser una playa bien puesta con unas vistas inmejorables, si no fuese por la presencia de la cementera, con un par de manchas de brea.

Pantai Pasir Hitam

Un poco más adelante nos encontramos con una rotonda en la que tomamos el desvio de la izquierda para subir a la playa de Tanjung Rhu, que termina ocupada por una caseta de guarda del Four Seasons que te impide el paso a la que, posiblemente, sea la parte más bonita de la playa, con una pequeña bahía de arena blanca flanqueada por islas. La playa de Tanjung Rhu está ocupada en parte por un tenderete de alquiler de motos acuáticas y parasailing. Una playa más tranquila y resguardada que la de Pantai Cenang, pero más azotada por el viento.

Playa de Tanjung Rhu

Después de un día dedicado a las playas y, posiblemente, por venir de donde veníamos, podemos afirmar que Langkawi no es destino para los amantes de la arena y aguas turquesas. Quizas las playas de algún ressort o las de alguna de las solitarias islas de su archipiélago si valgan la pena, pero no las accesibles a los mortales.

Ya con el sol bajando y de ruta hacia casa, nos topamos con uno de los mercadillos que a diario se celebran en algún lugar de la isla. En este caso al lado de una de las mezquitas. Además del ambiente local y de poder seguir degustando algunas especialidades de la cocina malaya, vivimos una de las puestas de sol más rojas que hemos visto, algo que no fue exclusivo de aquel día y que parece darse en Langkawi.

Puesta de sol desde el mercadillo

Si ese día estuvo dedicado a las playas, al día siguiente lo dedicaríamos a las montañas. De buena mañana, después del desayuno de rigor, nos enfundamos los cascos y nos fuimos al Oriental Village. Llegados a la taquilla, nos informaron de que la cola era de una hora, así que antes de nada, fuimos a por una botella de agua para soportar el bochorno. Con la botella medio vacía nos pusimos a la cola y, en ese mismo instante, para nuestro asombro, una azafata nos abrió la barrera para que nos colaramos y nos montáramos en el teleférico que pasaba en ese mismo momento. Evidentemente, no nos opusimos a la oferta y de un salto ya estábamos subiendo al primer viewpoint. De allí, después de una vuelta y disfrutar de las maravillosas vistas, nos montamos en el segundo teleférico que sube hasta el segundo mirador, desde donde, teóricamente se accedería al Sky Bridge. Las vistas son hipnóticas e irreales. Picos verdes, cubiertos completamente de vegetación, que surgen como puntas de lanza unos al lado de los otros, con un horizonte manchado de islas de perfiles estriados. Y en medio de esas puntas de lanza, a alguien se le ocurrió hacer un puente colgante curvado para añadirle un toque humano a lo que la naturaleza ya había creado.

Antes de emprender la marcha hacia el Gunung Raya, nos tomamos un café en presencia de uno de los animales más bellos que, aún y los esfuerzos del hombre, apenas sobreviven en nuestro planeta, el tigre. La tigresa, nacida en cautividad, fue adoptada por un biólogo cuando el zoo que la acogía tuvo que cerrar. Cuando ya no la pudieron tener en casa, le construyeron un recinto bien ambientado con bambú y suficientemente grande, que cerraron en un lado con un cristal a través del que solamente se ve desde fuera. Así la tigresa, salvo en algún momento del día en que pueda incidir la luz del sol directamente, no ve más que una pared negra con un leve reflejo. La cafetería sirve cafés locales e indonesios, como el kopi luwak (el más preciado del mundo, que procede de las bayas de café digeridas por el luwak, una especie de mangosta). No es barato, pero parte del precio se usa para mantener la bella criatura. No se permite hacer fotos salvo que se entre con una entrada combinada con un paseo con elefantes enanos de Borneo que se realiza en el mismo Oriental Village o, como fue nuestro caso, se deje la voluntad.

Sky Bridge desde el viewpoint (Gunung Machinchang)

Después de gozar de la compañía y de la propietaria del local quien, muy amablemente, te explica la historia del animal y de la situación actual de la especie y subespecies, volvimos a sentarnos sobre el humeante sillín en dirección al Gunung Raya. De camino paramos de nuevo a disfrutar de las formaciones cársticas que ocupan la esquina noroeste de la isla.

Zona noroeste de Langkawi

El ascenso al Gunung Raya fué bastante sufrido. El sufrimiento vino derivado del riesgo que asumimos subiendo con el depósito en reserva, pero lo logramos. En lo alto hay un horroroso resort, el D'Coconut Hill Resort, con una torre a la que se puede subir pagando 10RM. Las vistas desde lo alto no tienen nada que envidiar a las del viewpoint y quedan alteradas por tres torres de telecomunicaciones y el resort. Lo que si vale la pena es el paseo hasta lo más alto por una carretera que serpentea por dentro de un bosque cerrado en el que debes andarte con cuidado por la posibilidad de atropellar a un macaco o alguna vaca pastando en la parte más alta.

Vistas del archipiélago desde Gunung Raya

Después de sufrir durante la subida, hicimos toda la bajada en punto muerto, disfrutando del paisaje en los planos y del viento en las bajadas y, llegados a la carretera principal, encendimos el motor para llegar de inmediato a la gasolinera más cercana.
Ya llegados al alojamiento, nos acercamos a un par de agencias para coger billetes para el ferry a Penang del día siguiente. Después de una rápida llamada telefónica, nos informaron en ambas que no había plazas. Los chinos que se desplazan a Malasia durante las celebraciones de su Año Nuevo lo invaden todo! Nos planteamos, incluso, cambiar la ruta y dirigirnos directamente a la costa este, hacia Pulau Perhentian, pero al preguntar por ese destino y por Pulau Tioman, la respuesta fué unánime allá donde consultáramos: it's closed, no boats crossing! (Por las condiciones climáticas durante la época de monzones de Octubre a mediados de Febrero está prohibido el tránsito marítimo y la pesca en la costa este de Malasia por el alto riesgo de naufragio). Nuestro gozo en un pozo. Quisimos probar suerte con el ferry a Penang en el Rainbow, por proximidad y porque en cuantoa precios, resultó ser el más barato. El chico hizo una llamada y nos vendió los pasajes, comentándonos que debíamos de estar allí al día siguiente a la 1pm para salir hacia el puerto.
Después del check out en el Izz, nos personamos en el Rainbow con nuestros bultos y el hombre que habitualmente veíamos en la mesa de información nos comunicó que el chico se había equivocado y no había pasajes para aquel mismo día, pero que nos aseguraba los billetes para el día siguiente y nos informaba también que si no cogíamos ese ferry, no había billetes hasta pasadas 72h. Nos comentó la posibilidad de ir en ferry a Kuala Perlis, coger un autobús hasta Butterworth y hacer trasbordo a otro hasta Georgetown. Nos pareció excesivamente largo y, teniendo la posibilidad de cruzar al día siguiente y habiendo pagado (84RM, 18€), mantuvimos el plan previo. Nos montaron una habitación por el mismo precio que pagábamos en el Izz, esta un tanto más pequeña, sucia y maltrecha y aprovechamos la tarde con el wifi del lugar que funcionaba bastante bien.
Antes de recogernos quisimos disfrutar de la última puesta de sol de Langkawi.

Puesta de sol desde Pantai Cenang

 

 

Un comentario en “Pulau Langkawi (Malaysia)

  1. Paralleta!! Despues de 2 meses sin seguir vuestra pista, he vuelto a entrar en Ba! Cada vez alucino más con vosotros y con vuestro viaje. Sois geniales!! De alguna manera estais cumpliendo nuestros sueños aventureros. Besos y abrazos.

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